¡Qué fácil es hablar de la paz! Pero, ¿cómo es nuestra reacción cuando somos ofendidos o atacados? ¿Actuamos con paz?… Además de mucho dominio, se precisa estar en equilibrio y muy unidos con nuestro ser interior; porque: «El hombre se debe reconciliar con el hombre».

Así pues, en la medida en que cada uno tenga esa unión y reconciliación consigo mismo, y con el otro, habrá paz verdadera. Qué bonito es pensar la Paz entre las personas, los pueblos y mismo entre naciones; es éste un concepto que, si bien muchos lo asocian a la felicidad, al amor y bienestar personal, a la compasión, es una relación que tenemos  y que trasciende la individualidad.

Una de las características fundamentales es «la de dar paz y tener paz»; y, para ello, ser un verdadero ejemplo de ver cómo ante cualquier noticia más o menos dolorosa, cualquier contrariedad,  reaccionamos; porque de la manera en que lo hacemos será un buen indicador de nuestras posturas y actitudes  personales.

Por falta de paz consigo mismas, son muchas las personas que sufren la falta de amor. Esto pudo haber sido posible porque desde niños han hecho todo lo posible por ser apreciados y amados, pero no recibieron la atención y el cariño que necesitaban. Así les ha quedado el corazón herido, se vuelven desconfiadas y nunca tienen el amor que buscan, siempre se sienten defraudadas.

Porque en realidad esa herida de amor no se cura con compañía, caricias y atenciones. Esa herida de paz y de amor se cura sólo en la soledad, enfrentando lo que uno siente, reconociéndolo con claridad, mirándolo de frente, poniéndole un nombre al propio dolor, y dándose cuenta de que no vale la pena vivir pendiente de esa necesidad, como mendigos y esclavos.

Porque si uno no enfrenta esa soledad dolorosa y no acepta morir a esa necesidad enfermiza de amor, sólo utilizará a las personas para satisfacer esa necesidad, y así nunca podrá vivir un amor o una amistad de verdad… Eso es como una droga que, a la larga, no hace más que agrandar su necesidad interior, y la herida se vuelve más profunda.

La fuerza sanadora del amor y confianza está en el interior de la persona, solo cuando uno enfrenta hasta el fondo su soledad interior, descubre que ella allí está. Y así, recibiendo ese amor y esa confianza es que nos sentimos valorados de verdad, nos sentimos dignos, nos sentimos reconocidos; y entonces sí, gratuitamente, nos podremos dedicar a dar amor a los demás sin esperar que algo nos sea devuelto… Así, por fin sabremos lo que es el amor.

Por Claudio Valerio